Cuando maldigo mi alta sensibilidad

Introducción

Con naturalidad me permito estar triste. Es en esos momentos cuando me permito maldecir mi alta sensibilidad. Sucede de vez en cuando, como al abrir una válvula de escape aún por sanar. Soy un ser humano, y esto implica muchas cosas: la primera es la imperfección. Aún me queda trabajo interno por hacer, aunque mi mente me empuje a creer lo contrario. La mente se mueve en el campo de lo perfecto. La vida real, sin embargo, es un campo variable donde intervienen las circunstancias, las personas y los días.

Voy a contar una historia personal que ilustra un ejemplo, de cómo la empatía emocional y el íntimo deseo de la perfección colisionan con los umbrales que la alta sensibilidad biológicamente nos marca. Y cómo esto hace que a veces sienta la alta sensibilidad cómo una camisa de fuerza, como un limitante invisible de mis más íntimas capacidades y deseos.

Nudo

Hace año y medio conocí por casualidad a una persona.  Como muchas veces en esta sociedad digital, primero fue online. Algo brusca pero siempre respetuosa en las formas, esa persona resultó ser pura bondad cuando nos conocimos en persona. Con la generosidad y cierta represión de emociones por bandera, nos fuimos aproximando. Me contaba que su padre estaba en un proceso de quimioterapia. Y me contó otras cosas. Pero yo entonces no estaba en mi mejor momento (aunque detesto esta manida frase…). Me sentía bajo una marea de estímulos laborales, presiones y contaminación mental que de algún modo no me dejaban ser del todo yo. Sin embargo, esa persona siempre estuvo ahí, saludándome, esperándome con infinita paciencia.

A veces me llamaba y no se enfadaba si no respondía. A veces me enviaba un mensaje y no se enfadaba si le respondía al día siguiente. Una presencia constante de fondo que nunca se olvidaba de mí. Nos veíamos en ocasiones. Siempre me decía “estoy muy a gusto contigo” y siempre lo tomaba como un halago. Recuerdo su sonrisa, sus formas desenfadadas rozando la inocencia. Alguien que parecía tener el corazón de un niño pero con más cicatrices.

Un tiempo intuí la muerte de su padre, en un tiempo de ausencia y silencio prolongado conmigo. Al final en las redes sociales se puede leer cosas entre líneas. Yo no supe cómo actuar ni qué decir y opté por lo más cómodo: no decir nada. Mi vida seguía en el vaivén de las circunstancias, con mis problemas y mis presiones. Me recuerdo bajo un mundo que a veces me ahogaba… y necesito administrar energías, centrarme, para poder sacar cabeza y avanzar.

Hace semanas, volviendo a casa después de habernos visto una vez más, me dio por pensar con perspectiva. Tomé el valor de nuestra relación y un pequeño terremoto me sucedió. Las emociones ascendían por mi garganta y me humedecían, casi me dio por llorar. Me sobrevino ese pensamiento resbaladizo de culpa e incapacidad. Me decía que no había estado a la altura, que no le había hecho caso, que no había sabido responder. Frente a toda la paciencia, bondad y cercanía que no dejaba de mostrarme, yo simplemente lo había tomado como si fuera ropa básica de armario, que solo usaba cuando quería apostar seguro. Sentía que no había tenido detalles, cercanía y dedicación, como, ahora razono, hubiera salido de mí en ese contexto. Me sentía realmente mal, y me vi buceando en ciénagas de maltrecho amor propio y baja consideración. ¿Qué me había pasado?, ¿cómo podía haber actuado así?

Son momentos de lucha interna, de conciencia y debilidad. Entre el atropello de pensamientos de mea culpa y la voz que me dice que no estaba practicando justicia conmigo. En esas irrupciones, las emociones me sacuden y no me dejan pensar con serenidad. Y si me dejaba arrastrar por esevtorbellino, podría hundirme aún más. Así que, como quien sostiene la vela de un barco contra el viento, me forcé en respirar y empezar a pensar.

Desenlace

En estos momentos de tanta turbulencia, intento siempre andar o hacer algún ejercicio leve. Dejo que el cuerpo se desgaste, que deje salir la frustración o el enfado y me permita liberar tensión. Y así, al andar, intento aclarar la cabeza y van saliendo los pensamientos. Y ahí puede llegar un poco de luz serena.

Sé que en el fondo siempre he estado ahí, que no he dejado de responderle. Que he hecho lo que mejor que he podido en cada momento, y que no puedo exigirme más. Mi cansancio, mis rutinas, mis caminos… me han ido llevando en el pasado. Y no sería justo exigirme más: haber tenido en cuenta más cosas, haber ido más lejos. Si cada día hice lo que hice, fue porque creí que, en su momento, era lo mejor, lo más correcto.

Y esta reflexión que me calma, me lleva a la isla de la palabra, donde puedo empezar a dialogar. Hablando empiezo a atisbar las oportunidades. Tengo tiempo para recuperar, coser y fortificar. Me he animado a hablar más con esa persona, a preguntarle por sus impresiones, por sus emociones. A sustituir mis percepciones borrosas, a mis suposiciones punitivas por una realidad contrastada. Mi alta sensibilidad ya me sonríe.

Me he remangado para hacer mío el deseo de estar a tiempo para profundizar en la relación y ponerla en valor. Tomar consciencia de lo que es y lo que significa y que desde este punto puedo darle más contenido y atención, en el lenguaje de la gratitud y el conforto. Recuerdo que la imperfección es natural pero que en mí está poder aderazar el camino. Y ahí, mi alta sensibilidad, mi capacidad emocional, es un tesoro inestimable. Lo que antes me parecía un nudo en la gargante, ahora es un bote salvavidas. Se me aparece como esa mano a la cual puedo aferrarme tras la tormenta dejada atrás.

Gracias por compartir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos

  • Responsable Blog Altamente Sensible .
  • Finalidad Moderar los comentarios. Responder las consultas.
  • Legitimación Tu consentimiento.
  • Destinatarios http://www.altamentesensible.com.
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional Puedes consultar la información detallada en el Aviso Legal.