La intimidad en las relaciones para una persona altamente sensible

La intimidad es un escondite. Sin armadura ni disfraces, nuestras emociones descansan en ese lugar secreto. En los recovecos de la vida fuimos aprendiendo a meter en nuestra intimidad todo lo que real y libremente somos. En la intimidad recreamos lo que sentimos. Esto incluye los miedos, las inseguridades, insatisfacciones, dolores antiguos, fantasías, traiciones, sueños guardados… Todo lo que un día quisimos que fuera y no fue, todo aquello que nos encantaría que fuera, pero tenemos dudas de que pueda ser. Es donde no necesitamos ser tan fuertes, donde cerramos los ojos y descansamos, donde ya no debemos ser tan valientes. Donde no tenemos que batallar la vida, sino tan solo vivirla. Donde la vulnerabilidad no nos resfría ni ningún miedo nos alerta.

Bajo la trampilla, detrás de la cortina, debajo de la cama, dentro de una caja que hemos aprendido a cerrar. La intimidad tiene zonas de luz y también oquedades muy oscuras.  La luz puede venir de sentirnos queridos, y la energía que emana de esa sensación. Las zonas sombrías que conviven dentro pueden tener muchos orígenes: miedo al rechazo, a que no gustemos, miedo que de nuevo nos abandonen, a que suframos tanto como aquella vez, miedo a que la baja autoestima nos apriete la garganta, miedo a hundirnos en mares oscuros donde no sepamos salir a flote…

La intimidad oscura es un campo de batalla muy personal, donde libramos pequeñas guerras y pactos para introducir un poco luz en sentimientos que nos crean zozobra. Ahí estamos a solas con esas emociones, sin juzgar ni compartir con nadie más. Puede ser lo que queremos que sea: un lienzo doloroso, una ventana abierta, una playa desierta… Al final es donde podemos sentir muchas cosas y observar sin vergüenza ni pudor nuestras propias emociones.

La intimidad y las relaciones

Cuando decidimos establecer una relación sentimental con otra persona, sabemos que esto también implica empezar a desbloquear ciertos accesos a nuestra intimidad. No se trata de abrir compuertas sin más para que la intemperie abrase nuestro preciado espacio personal. No se trata de obligarnos a algo que no queramos. Pero sabemos que, tarde o temprano, una relación sana, robusta y basada en la confianza implica conectarnos mutuamente. Desde la intimidad, como dos árboles que se cogen de las raíces, bajo la tierra y fuera de nuestros ojos. La intimidad compartida es condición necesaria pero no suficiente para que una relación pueda ser fructífera y reconfortante.

Más tarde, más temprano, poco a poco… pero hay una intimidad que sentimos que debemos compartir si queremos apostar por una relación. Y ese sutil deber emocional, esa noción imprecisa pero cierta, nos puede frenar.

Nos frena para realmente lanzarnos a tejer y construir una relación. Las causas no atañen únicamente a las personas altamente sensibles, pero entre las personas altamente sensibles se da con agudeza. Hemos llenado nuestra intimidad, calma y solitaria, de miedos y vergüenzas, de inseguridades con las que nos hemos acostumbrado a convivir. Y de tan hermética y dolorida que es nuestra intimidad, nos cuesta mucho poder permitir que una bocanada de aire, un rayo de luz, entre dentro. Seguro que alguna vez, en nuestra memoria emocional, pensamos que la abrimos y nos la pisotearon, la ignoraron o se rieron de ella. Seguro que alguna vez con ansiedad dejamos entrar a alguien y exprimieron nuestros secretos.

La autoestima, de nuevo

Si viéramos con detalle cada caso, se podría encontrar patrones de conducta parecidos. Si bien una constante en el freno a compartir tiene su origen en una baja autoestima. Y la autoestima es el talón de aquiles más común de una persona altamente sensible. Nuestra facilidad para identificar sutilezas incluye también aquellas que implicaban rechazo, menosprecio o minusvaloración de nuestra forma de ser, estar y sentir. Sumado a nuestra capacidad de procesar de forma profunda todo ese rechazo. A medida que crecemos, en un nivel más visible y cotidiano, se encuentra el difícil encaje que a veces tenemos en un entorno social, por nuestra necesidad de descanso y tiempo a solas, nuestra tendencia a pensar y pensar y pensar mucho las cosas… Persiste la sensación de estar nadando siempre a contracorriente.

Pero no es el único. Al final, si no creemos en el valor de nuestra intimidad, si hemos acumulado dolor y decepción, se hará más difícil. Porque el dilema al que nos enfrentamos ante una relación es si estamos o no en disposición de compartir nuestra intimidad con una persona. Puede ser un deseo muy fuerte, aspiracional, tantas veces soñado. Sin embargo, aterrizar ese deseo requiere una estructura emocional, una autoestima sana que nos permita ofrecer sin miedo ni temores. Ni tampoco concesiones a un pasado que no puede seguir lastimándonos. Asumir que las sombras también es una parte nuestra. Que no hay luz sin sombras y que las sombras nos hacen humanos y reales. Y llegar al punto de compartirlo con convicción, sin obligación y liberados de la a veces asfixiante idea de vulnerabilidad.

Gracias por compartir

2 opiniones en “La intimidad en las relaciones para una persona altamente sensible”

  1. Me resulta curioso que ahora mismo me encuentre en una situación así.

    He compartido mucho antes y la verdad que aunque en expresar los sentimientos sí que suelo ser más abierto, en cuanto a mi intimidad no suelo compartir mucho, son mis cosas y suelen ser difícil de explicar. También se suma a que con quién he compartido esta forma de sentir el mundo que nos pasa, normalmente no ha entendido y me ha atosigado a preguntas que no tienen respuesta: “puedes elegir si sentirlo?” o “no tienes que sentirte mal porque alguien esté regular” (como si de pudiera apagar esto 🤣

    El caso, que ahora de nuevo me encuentro en esa situación, en contar esta situación a alguien y miedo me da su reacción, pero estoy seguro que es la mejor decisión si se busca una relación sana y fuerte.

    De nuevo, gracias por el blog. Nos seguiremos leyendo 😉

    1. Gracias por tus palabras. Esa experiencia y sensación son más comunes de lo que pensamos, pero el primer paso al menos es tenerla identificada. Un abrazo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Información básica sobre protección de datos

  • Responsable Blog Altamente Sensible .
  • Finalidad Moderar los comentarios. Responder las consultas.
  • Legitimación Tu consentimiento.
  • Destinatarios http://www.altamentesensible.com.
  • Derechos Acceder, rectificar y suprimir los datos.
  • Información Adicional Puedes consultar la información detallada en el Aviso Legal.